Cuando firmó Julio Florencio Cortázar antes que Julio Denis
Por José Luis Trenti Rocamora
La bibliografía de y sobre Julio Cortázar es amplísima. Un destacado intento fue el de Néstor García Canclini en 1968 al publicar una nómina con más de 140 registros. Hoy The Library of Congress ofrece en su fichero 291. Pero son muchos, muchísimos más, los que podrían reunirse. Entre los tratadistas de Cortázar que se ocuparon de estudiar su obra, no existe -que conozcamos- un trabajo que tienda a su exhaustividad bibliográfica. Además, seguramente por el hecho de ser la vida de Cortázar tan cargada de matices, quienes se han ocupado de él en libros que se tienen como fundamentales, lo han hecho a partir de diferentes enfoques. Las obras de Mario Goloboff, Mignon Domínguez, Emilio Fernández Cicco y Nicolás Cócaro difieren ampliamente tanto en los variadísimos aspectos de la vida de Cortázar, como en la interpretación de su modalidad de ser e ideología y no alcanzan a establecer una estructura polémica, sino que hasta se complementan, al punto que se carece aún de una biografía integral e imparcial desprovista de preconceptos, esto es, que el biógrafo no pretenda llevar al biografiado a un campo preintencionado. Claro que en algunos puntos están acordes, como en que la primera publicación de Cortázar es su libro Presencia, del año 1938, que firma con el seudónimo de Julio Denis. Aquí presento la existencia de un texto anterior firmado por J. Florencio Cortázar. A Goloboff le resulta "altamente significativo" que Cortázar haya usado el seudónimo de Julio Denis, y se pregunta si fue por la timidez de un autor primerizo o por rechazo al apellido de su padre. La observación es correcta y la timidez la reconoce el propio Cortázar cuando dice "Lo sé muy bien, soy de una timidez enfermiza" (Fernández Cicco) y "Siempre fui muy metido para adentro" (Mignon Domínguez). Con respecto al padre es bien conocido su justificado rechazo, llegando hasta a negarse a recibir la herencia de unas tierras en Córdoba. La cuestión es que el seudónimo de Denis lo acompañó por años después de la aparición de Presencia. Con él firmó en 1941 el ensayo sobre Rimbaud aparecido en la revista Huella, dirigida por José María Castiñeira de Dios. Al año siguiente, 1942, el periódico El despertar de Chivilcoy, incluyó el cuento Llama el teléfono, Delia, que también firmó Denis. Y todavía más tarde, en 1944, utilizó el seudónimo para el poema Distraída en la revista Oeste, también de Chivilcoy. Del mismo 1944 es el cuento Bruja que firma Denis, aparecido en el Correo literario de Arturo Cuadrado. Durante años conviven Cortázar y Denis. Se advierte con claridad en las 24 cartas de Cortázar a Mercedes Arias: la primera de agosto de 1939 está firmada por Julio Cortázar y la número 21 de julio de 1943 por Julio Denis. Tanto le sorprende la dualidad a Mignon Domínguez, autora de la excelente investigación que exhuma este epistolario en el año 1992, que denomina novedosamente como "heterónimo" al seudónimo Julio Denis. Igual ocurre con la correspondencia de la misma época de Cortázar a Marcela Duprat, que estudió y publicó Nicolás Cócaro en 1993. Pero ninguno de los estudiosos de Cortázar se pregunta de dónde surgió el apellido Denis. Creo que hay que buscarlo en la inmensa cantidad de libros que Cortázar leyó, aún desde muy chico, cuando vivía en Banfield. Con anterioridad a 1938 manifiesta que lo absorbe Julio Verne, bajo cuya influencia tituló La vuelta al día en ochenta mundos: "Leí a Julio Verne como loco y lo que quería era repetir las aventuras de sus personajes". No se desprendía de El tesoro de la juventud y ya había leído obras como El gran Meaulnes donde aparece un Denis. Por supuesto que consigno este dato al sólo efecto enunciativo, no como revelador del origen de Denis. Igual, por ejemplo, cuando visitaba la Librería El Bibliófilo, especializada en libros de viajeros, tema que le era predilecto, pudo haber visto las obras del cultísimo literato francés Juan Fernando Denis (1798-1800), autor de varios relatos de viajes por la América del Sur. El libro Presencia está estrechamente vinculado a sus amigos de toda la vida, quienes precisamente fueron sus compañeros en la Escuela Normal de Profesores "Mariano Acosta" de Buenos Aires. Daniel Devoto, Eduardo Jonquières, Jorge D'Urbano y Francisco Reta. Excelente alumno de la Acosta, la Escuela lo distinguió en varias oportunidades. Sin embargo, en dos ocasiones expresó un mal recuerdo de su paso por esas aulas. Enrique Mario Mayochi trata el tema en una carta que La Nación publicó el 27 de noviembre de 1999. En este grupo de amigos hubo una temprana baja. En la carta de Julio Denis de diciembre de 1942 de las que publica Domínguez, Cortázar dice: "....en octubre, pierdo después de una horrible semana de lucha y sufrimiento a un antiguo compañero de estudios y acaso el más comprensivo y bueno de mis amigos... se llamaba Francisco Reta..." A este conjunto se incorporó Freddi Guthman, de la familia del famoso joyero. Justamente Guthman y Devoto fueron quienes financiaron la edición de Presencia, que editó la Librería El Bibliófilo en 1938. El dato es del librero Alberto Casares en su catálogo Navidad 1998. A Presencia lo estampó la imprenta Plantié y Cia. en 104 páginas, y se puso a la venta en $2. Hay que distinguir entre las ediciones propias de Viau y las que aparecieron con el sello de El Bibliófilo, que eran las administradas por la librería. El grupo de amigos está siempre unido, tanto en Viau como en la Cámara Argentina del Libro. Gerente de Viau era por entonces Jorge D'Urbano Viau, y esa editorial publica dos libros de Jonquières. D'Urbano representa a Viau en la Comisión de Cámara del Libro. Cuando en 1945 deja la gerencia de la Cámara el escritor Atilio García Mellid, le sucede Julio Cortázar. En ese mismo año, en edición de Domingo Viau, aparece la lujosísima edición del Robinson Crusoe, ilustrada por Carybé y traducida por Cortázar. Por entonces Josefa Puga, símbolo en el libro porteño, trabaja en la Cámara y D'Urbano la lleva a un cargo jerarquizado en lo de Viau. Habría que revisar las páginas de la espléndida Biblos, revista de la Cámara, correspondiente a la época de Cortázar. La Escuela Normal "Mariano Acosta" propició la publicación de varias revistas redactadas por sus alumnos. Fermín Estrella Gutiérrez recuerda a Fraternidad escolar y a una posterior, de 1919, titulada La Péñola, con colaboraciones suyas y de Marechal. Otras fueron Cosmos, Arcadia, Estudios y Vida. En ellas hay que buscar antecedentes de muchos escritores argentinos dado el destacado nivel de los estudiantes que pasaron por la Acosta. Un día, conversando con Angel Mazzei, en el bar de la esquina de las avenidas La Plata y Pedro Goyena, acerca de la importancia de los textos memoriosos, me dijo que él había escrito sus memorias con el título de La llama que aún arde, y que únicamente estaba en la Librería Menlo, de Rivadavia 5676. Alcancé a comprar un ejemplar y encontré la referencia a la revista Addenda, que Mazzei recuerda por haber aparecido en ella su primer trabajo literario titulado Santa Juana, y que era el tiempo en que la dirigía Cortázar. Un ejemplar en perfecto estado de Addenda conserva la Fundación Bartolomé Hidalgo, a quien agradezco la consulta. El Nº 1 de Addenda ("del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta") lleva la fecha de julio de 1932. Aparece como director Vicente J. Puig y como vice Abel Santa Cruz. Es un cuadernillo de 64 páginas con tapa tipográfica que mide 18 por 26 centímetros. La cantidad de páginas no fue constante. Se propusieron publicar cuatro números por año, lo que cumplen en 1932 y 1933. En el año 1934 sólo aparecieron dos entregas, igual que en 1935. La colección consta de 12 números. En los dos números que corresponden a 1934 figura como director Julio César Ibáñez y como sub-director J. Florencio Cortázar. En los ejemplares de 1935 Cortázar aparece director y entre los redactores se incluyen los nombres de sus amigos Francisco C. Reta, Eduardo A. Jonquières y Jorge D'Urbano Viau. La tapa deja de ser tipográfica para adornarse con dibujos de Jonquières. En sus páginas está presente la pluma de Cortázar y también informaciones como la que se refiere a sus tres conferencias en la peña "La Guarida": El problema conceptual, Divagaciones en torno a la pintura y La música moderna, ciclo que se denominó El arte del siglo. Firmado por J. Florencio Cortázar se reproduce el poema de la página 27 del penúltimo número de Addenda:
Bruma
Buscar lo remoto con férvidas ansias Y en limbos extraños hundir obstinado el deseo. Que el ritmo, lo Impar de Verlaine nos conduzca Y acordes oscuros de queda armonía Marquen nuestros pasos sobre el gris sendero. Debussy... maestro... quiero sinfonías Que esbocen con notas pinturas de nieve y acero: Baudelaire... te pido me des una pluma Que en noche de insomnio Hayas estrujado contra tu cerebro. Manet, por los bordes de tus concepciones Vagaré anhelante de encontrar lo Bello Que me niegan todos Los que no han tenido como tú el llamado Del aire, del ritmo, del amor y el cielo. A aquellos que ansiosos de altura Con honda ternura se aferran al Arte dilecto. Quiero incorporarme: desdeñar los claros, Firmes horizontes del actual camino Que hallaron mil veces los genios. Prefiero Con gesto absoluto y un rictus de firme osadía En limbos extraños hundir obstinado el deseo. Buscar lo remoto con férvidas ansias... Yo que sé que es difícil, vago e hipotético. Pero no abandono ni a Verlaine ni a Byron, Porque... ¿quién lo sabe? Acaso de pronto, nítido y brillante Del fondo impreciso de mis horizontes ¡Brote el gran misterio...!
(Tomado de la revista Letras de Buenos Aires, nº 45, marzo de 2000).
Gracias a José Luis Trenti Rocamora por su colaboración |